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Ivan Aguilera

Ivan Aguilera

"Su mayor proeza fue ahogarse en una piscina llevando puestos unos manguitos."

Opinió

Amigos en propiedad

La propiedad privada nos rodea. Está en todas partes. Las cosas que ves en el cielo, el mar y el aire son propiedad de alguien. Es imposible escapar de ella, así como de la jurisdicción del ser humano. Este boli que sostengo ahora mismo no es un boli cualquiera, sino mi boli. De hecho, este boli no tendría sentido si no fuese de mi propiedad, pues es inútil en cualquier otro contexto que no sea en el de propiedad. También es inútil en este contexto, de acuerdo, porque estoy usando el ordenador para escribir, pero ya se entiende lo que quiero decir. O no. Da lo mismo. Porque de lo que quiero hablar es de los amigos. No de la amistad en sí, pues se me antoja una tarea demasiado profunda y plomiza. Y total, a nadie le importa la amistad hoy en día. Si acaso, lo que importa es de quién es propiedad este “amigo”. Es decir, si este “amigo” es tuyo o mío. Porque no hay nada que se pueda compartir, al menos nominalmente. Otra cosa es que luego este “amigo” ejerza de “amigo” tanto conmigo como contigo. Pero ya hablaremos de ello más adelante, si quiero.

Esta pequeña disertación comenzó durante una sobremesa de domingo, cuando mi hermano y yo hablamos de un amigo en común. Él sostuvo que en realidad era mi amigo, puesto que yo lo conocí antes. Da igual que sean ellos dos quienes estén inmersos ahora mismo en proyectos de distinta índole, como montar conferencias y publicar libros, y que encima lo compartan todo, incluso sus parejas sentimentales; él es mi amigo. Alfonso es mi amigo. No el suyo. Aunque no lo vea desde hace meses. Aunque cuando hablemos del Barça siempre acabemos a hostias (a pesar de que estemos de acuerdo en todo). Lo que importa aquí es quién lo conoció primero. 

Una mente razonable podría argumentar que este tipo de designaciones acostumbra a reducirse sólo a grupos pequeños. Es decir, si en una pandilla entra uno nuevo, este será el amigo de quien sea que lo haya introducido y, en todo caso, durante un tiempo limitado, puesto que al final será amigo de todos por igual, a menos que acabe siendo apeado del grupo. Pero es que yo no soy razonable, así que digo que un amigo es como un padre o una madre: sólo hay uno. Y es el primero. Pero te digo incluso más: algún día, cuando se habilite la división del trabajo para reproducir seres humanos (y el coito quede obsoleto), habrá más padres y madres que amigos, que solamente tendremos uno. El primero, el único.

Decía Rousseau que el verdadero fundador de la sociedad civil fue aquel que cercó un terreno y les dijo a los demás “esto es mío”. Con los amigos pasa igual. Los amigos de los demás están cercados, así que no pueden ser de nadie más. Y compartir cosas o personas es de comunistas, como seguramente dirían Ayn Rand y Milton Friedman. Habría que sacar provecho de ellos y alquilarlos, venderlos o algo así. Su conversión en mercancía sería un paso lógico. “Vendo amigo”, publicaría en los periódicos. Diría de él que tiene “buena conversación” y que “domina especialmente cualquier tema de humanidades y fútbol”. Importante esto último, porque me haría rico. Buen negocio, sí señor.

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