Publicitat

Set accents

Informació de proximitat i periodisme reflexiu

Publicitat

Ivan Aguilera

Ivan Aguilera

"Su mayor proeza fue ahogarse en una piscina llevando puestos unos manguitos."

Opinió

Anecdotario del normal

Imagínate que un tío aparece delante de ti en la charcutería en la que trabajas y te pide cien gramos de jamón ibérico. Tú le preguntas: “¿Lo quieres de cebo, de recebo o de campo?”. Y el tío, con la mandíbula visiblemente desencajada debido a la complejidad de tu pregunta, responde tartamudeando: “Joder, joder… ¡del normal!”. Traslada esta pregunta a cualquier comercio del mundo. Por ejemplo, a un concesionario: “¿Cuál de estos Audis le gustaría comprar?”, “No sé… ¡el normal!”. A una panadería: “¿Qué barra de cuarto quiere, la de multicereales o la de trigo sarraceno?”, “¿Cuál de éstas es la normal?”. Ve a una librería y busca el libro “normal” de Thomas Pynchon o Stanislaw Lem, a ver qué encuentras. Y, por último, piensa en mí.

Porque así son las cosas en el estanco en el que vendo mi fuerza de trabajo. “Dame papel OCB”, me piden. “¿OCB Premium, Ultimate o X-Pert?”, les pregunto yo. “Del normal”, me responden. Y yo les doy el que sé que no es el normal para ellos. Sé que no es lo que me piden porque no es lo que comúnmente se me pide, y el inmediato desconcierto de esos clientes, de todos esos pobres clientes, lo expresa la mar de bien: “¿Qué me estás vendiendo, piltrafa humana?”, seguramente piensen, no sin acierto. 

En definitiva, que ésta es mi triste manera de meterme con la gente. Por lo menos hasta que mi presunta ignorancia acerca de lo que me piden ya no cuela, que es a partir de cuando me dicen: “OCB negro, por favor”… Y entonces pregunto: “¿De cuántas hojuelas, cincuenta, doscientas cincuenta o quinientas?”. 

Es broma. No soy tan hijo de puta. 

Bueno, en realidad sí que lo soy. Aún me acuerdo de aquella chica que entró a pedir un “Virginia de liar”. Lo que no sabía ella es que “Virginia” no es una marca, sino un tipo de tabaco. Ya sabéis, suave, fino y aromático. Como era de esperar, no dejé escapar la oportunidad de confundirla: “¿Qué Virginia quieres?”. “No sé… del normal”, respondió ella, óbviamente. Por supuesto, la chica se refería al Flandria Virginia. Por supuesto, lo que le puse sobre el mostrador no era eso, sino algo que ella no sabía ni qué era: un Golden Virginia. Me miró sorprendida, pensando, probablemente, que no era aquello lo que acostumbraba a llevarse de los estancos. Seguramente creyó que yo no bromeaba y que le estaba ofreciendo el “Virginia” de verdad. Del normal. El que siempre había fumado. Después de todo, hay que confiar en el estanquero. Él sabe de lo que habla. Yo sé de lo que hablo, no como los médicos. Finalmente, se lo quedó. Pagó casi nueve euros por él, mientras que lo que buscaba costaba unos cinco. 

No ha venido nunca más por allí. Una lástima. Era guapa. Y parecía agradable y muy universitaria. Supongo que soy una persona lamentable. Pero bueno, el mundo ya era una mierda antes de existir yo, sigue siendo una mierda conmigo y lo seguirá siendo después de mí. Ninguno de nosotros es imprescindible para su mal funcionamiento, lo cual me alivia. No podría soportar la presión de ser el capitán del equipo.

En todo caso, la broma del “Virginia” se acabó el día que un tío irrumpió en el estanco y, con evidentes problemas de pronunciación, ordenó que le pusiera un “Vagina”. Entonces me dije: “A tomar por culo, esto me supera”. Menudo genio, el tío. Ojalá esté fumándose muchos “Vaginas”. Normales o anormales, eso da igual.

Pero no nos desviemos del verdadero fin de este texto: cada vez que alguien emita alguna vez la expresión “del normal” sin venir a cuento, allí estaré yo para hacerle la vida imposible. Sufrir es saludable si se hace con total merecimiento.

Comentaris


No hi ha cap comentari


 
Publicitat

Edi7orial

Amb un llibre mai no estarà sol

Publicitat
Publicitat