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Maite Alarcón

Maite Alarcón

En perfecta harmonia amb el canvi. Poliglota activa també del silenci. Bibliòfila i peregrina. 

Opinió

Sucede en librerías

Tengo un amigo. Trabaja en una librería. Esta mañana he ido a recoger una novela que había encargado, Haru de Flavia Companys. Mientras el compañero la buscaba, a mi amigo le he dicho que me había llegado un libro que compré por Internet, descatalogado hace algún tiempo. Se ha puesto muy contento (él me había ayudado a buscarlo) y se ha interesado por saber cómo lo he conseguido finalmente. Con Haru ya entre mis manos, mi amigo, con un gesto muy locuaz, me ha hecho ver que el papel era reciclado. Yo le he sonreído, esa es una de las razones por las que lo compro. Ese papel se llama supersnowbright y tiene certificación ambiental: sus fibras han sido separadas de manera mecánica y no química. Los libros, entre otras muchas cosas, son productos de consumo y los que son impresos en este papel emiten un 63% menos de CO2 y han usado menos agua. Me ha preguntado si había averiguado la lengua original. Sí, le pregunté a la autora, ella misma ha hecho las dos versiones, la catalana y la castellana. ¿Tú lo has leído? No, ¿conoces a la autora? Bueno… por Twitter. Luego hemos hablado de la magia de elegir y empezar libros en el momento que los leemos, este libro me eligió a mí el otro día, le he dicho en voz baja sabiendo que él no me tomaría por sonada. A él y a otro librero que también conozco, les he contado que hasta que no viví en París no fui capaz de leer Rayuela o Cien años de Soledad mientras pasaba unos meses en la selva amazónica. Entonces él me ha llevado a la estantería (anhelaba ese momento porque siempre me hace conocer joyas literarias) y me ha enseñado una nueva edición de la obra de García Márquez con ilustraciones y, lo mejor, un árbol genealógico de los Buendía, algo muy acertado si no se tiene el privilegio de poderlo leer en un Macondo similar al de la novela. Aprovechando que estábamos solos, luego la cosa ha ido así:

—Sabes que en las bibliotecas algunos libros están excluidos de préstamo…
—Sí…
—Pues el de poesía de Mujica (el libro descatalogado), me gustaría que vinieras a leerlo a mi casa, una tarde, cuando te vaya bien…
—Claro que sí, qué honor.

Después me ha mostrado otros libros y me ha preguntado si ya había leído el de Jim Dodge, autor que desconocía y que me había recomendado en otra ocasión.

—Sí, una delicia. Cada vez aprecio más las historias que omiten lo innecesario, un pimpampum al que tú, como lectora, le añades lo que te plazca. Será algo líquido, relacionado con la posmodernidad. Como un sueño elegido, ¿sabes? Cada vez somos más dioses, ¿no?
 —Y hablando de sueño, ¿qué me dices del último de Cartarescu?
—Tal vez lo lea algún día, pero no ahora. De él leí Por qué nos gustan las mujeres. Me fascinó que, sin saber nada del autor y leyendo las contracubiertas, no supe ver si era hombre o mujer.
—Sí, él mismo confesó que deseaba generar tal efecto.

Hemos hablado así, desenfadadamente, con alegría y espacios para el silencio, manoseando libros, con el cariño de un librero y una adquiridora, unidos por la pasión de las historias bien contadas; a nuestro alrededor había algunas personas. Un señor nos ha sonreído y juraría que hubiese estado encantado de participar de la conversación. (H)Ojeaba el último de Marías.

Oye,  ¿imagino que de Chimamanda…?  Sí, claro. Y me ha sacado el que andaba buscando, Medio sol amarillo. Al ver semejante tocho le he dicho que últimamente me tiraba más la literatura breve, como la de Fup de Dodge o los relatos de Munro, Askildsen o McCullers. Entonces me ha hablado de una especie de biografía que escribió esta última y que han publicado recientemente. No me he quedado con el título pero ha añadido: ya sé qué llevarte.

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