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Anna Costa

Anna Costa

Barcelona, 1974. Emprenedora. Treballo en l'essència de la imatge a CROMM PERRUQUERIA, projecte que dirigueixo des de fa set anys. I sempre que puc escric i capturo mirades a travès del meu objectiu tot fent incursions en el món de la comunicació. Per mi, viure és sentir-se viu.

Opinió

El músculo del cariño

Los sentidos no me dejaban ver, seguían un paso firme en mi paladar. Me parecía todo tan sublime que me recordó las palabras de un buen amigo. 



Un día yo le pregunté: -¿Cómo estas? ¿Cómo te va en el amor?
Y él me contestó: -Creo que mi amor tiene edad.
-Genial -le contesté. ¿Sí? ¿Y cómo es?
Y copa en mano, me dijo: -Fue Coca-Cola de adolescente y hoy es un gran reserva.
Mi corazón sonreía. El era más que un buen amigo, era un genio de las palabras. Brindamos, no era para menos la metáfora.

Y hoy me acordé de aquel brindis, me acordé mientras disfrutaba de una fiesta de sabores. Y también entre copas hablábamos de amor, de idealismos y de egos. Ese ego que no deja ver más allá pero mantiene viva la conquista y mitifica la poesía.

¿Dónde estará mi amigo? Como lo echo de menos, se lo llevo la vida. Ahora le diría que por fin entendí de qué iba el amor. Que llegué a la madurez amorosa a partir de mis fracasos y que en el proceso, más que buscar lo que quiero, trato de evitar lo que no quiero. Le diría que la locura no se pierde con el tiempo. Se gana en libertad. Que me he hecho adicta al cariño y no al running. Y que me gusta compartir, que no sufrir.

Y entre nubes llegó el postre. Despertó mis sentidos y me incorpore a la conversación. Hablaban de dejarse llevar por las tendencias en las redes; influencers, Instagram, youtubers... La ley del deseo rápido y el todo vale. Muy lejos de mis recuerdos y muy cerca de mi día a día. Pero todo tenía similitud. Hablábamos de las experiencias del sentir, de escoger entre quedarse con el papel de envolver o partirlo en pedazos y saborear sus secretos.

Y así llego el café, la cuenta y la despedida. Y entre abrazos, la lluvia y el asfalto llegué a casa. Olor a verano que me llevo al balcón, olor a mojado que me sedujo. Y cerré los ojos, respire y al volver a abrirlos allí lo vi. Vi a mi amigo, el que nunca se fue, ¡el que siempre estuvo!

Comentaris

5 -10 -20 -tots
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